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#HazQueSeVean

LO INHÓSPITO, LO SUBLIME y LO URGENTE
Proyecto fotográfico sobre personas defensoras
de los derechos humanos en México

Miradas de la conciencia
Defensores y defensoras de derechos humanos en México

Mostrar resistencia a través de la mirada permite generar un proceso de construcción de identidad y de conciencia que refuerza el respeto. La identidad no es algo fijo: es algo que se construye con la experiencia, es algo vivo. Es posible intervenirla, ampliarla, completarla.

Ver lo que ven.
Hacer que otras lo vean.
Crear un puente.
Crear conciencia.

El desarrollo de la conciencia permite la realización del ser humano en relación con su entorno a través de la experiencia adquirida, a través sus vivencias. Este proyecto fotográfico, no se concibe para el despliegue y lucimiento de la técnica o los recursos audiovisuales sino como un canal entre la mirada del/de la defensor/a y la del/de la espectador/a que permita recíprocamente transmitir sus experiencias.

Urge visibilizar y abrir una visión no oficial que permita comprender el conflicto tal como lo vive la persona defensora: con todas sus implicaciones y sus riesgos. Es indispensable establecer un diálogo, impulsar un encuentro, valorar y aportar elementos a la situación. Se trata de generar un discurso donde la equidad sea posible, un espacio para otras voces, otras miradas, otras imágenes.

Cientos de personas en México luchan por defender los derechos humanos sin recibir nada a cambio. La labor de estas personas no es reconocida, sufren numerosas agresiones y están desprotegidas. Esta es una clara amenaza a los derechos humanos, pues el trabajo de las defensoras y los defensores es fundamental para garantizar el respeto a los derechos de todas las personas y construir una sociedad libre y en paz.

La dedicación de estos hombres y mujeres que decidieron alzar la voz, decir basta a las injusticias, que se identificaron con otros y otras para su defensa, de aquellas personas que sin importar si es presente o pasado buscan a sus familiares víctimas de desaparición forzada y que su dolor ha servido para que otras familias no pasen por la misma agonía institucional en el futuro, debe generar conciencia.

Jubiladas, reporteros, religiosas, párrocos, profesionistas, ciberactivistas, abogadas, feministas, ingenieros en sistemas, madres, hermanos, hijas de personas víctimas de desaparición forzada, trabajadoras y todas personas defensoras de derechos humanos. Cuarenta historias, “gente común”, de quienes debemos proteger su compromiso, aprender, para incluirnos en el proceso de optar por la libertad.

LO INHÓSPITO, LO SUBLIME y LO URGENTE
Proyecto fotográfico sobre personas defensoras
de los derechos humanos en México

PRESENTACIÓN
Contexto y descontextualización ontológica: gramáticas del mal

Es difícil hablar de cosas que
hacen enmudecer o, quizás, gritar.

Un contexto, una víctima, una situación insoportable y el enfrentamiento con algo desconocido son las cuatro condiciones básicas de las cuales el horror emerge. Sólo posteriormente, cuando ya la tragedia se ha desplegado, empiezan las preguntas sobre el ser.

De lo contextual a lo físico y de lo físico a lo metafísico, el horror asoma la cabeza.

El horror es una falta, una carencia, una fuga de sentido, porque precisamente plantea desorden en las categorías que rigen el universo. Tras la ruptura con el entorno, sobreviene la catástrofe metafísica. Los trascendentales griegos — unidad, verdad, bondad y belleza— ya no remiten al ser. Reina el caos.

El horror no es el cuerpo, aunque se manifieste en el cuerpo; no es la sombra, aunque resida en las sombras; no es la oscuridad, aunque domine la oscuridad. Siempre que la víctima disecciona las capas del fenómeno en sus niveles más descarnados, ocurre un choque entre su cosmovisión y el simulacro que la rodea. Todo sucede como un desmantelamiento. Tarde o temprano, el individuo se sustrae al curso de la acción para penetrar en un nivel más profundo y nebuloso. Busca en sí mismo la fuerza para salir de ese estado, para transformar su situación y modificar su contexto.

El horror genera un desencuentro, un accidente automovilístico a nivel epistemológico.

Y mientras la violencia invade y adquiere formas inauditas, la lengua contemporánea tiene una dificultad para darle nombres plausibles. Porque: ¿cómo nombrar lo innombrable? En última instancia para el horror no hay metáfora, no hay palabras.

Frente a estas violencias, el lenguaje naufraga, se agota en el mismo acto de intentar producir una explicación, una razón.

Aún así, algo persiste con voz propia y desde los procedimientos de nominación orientamos la denominación para nombrar lo innombrable y metaforizar lo espantoso sin banalizarlo…

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LO URGENTE
El fin de la condición humana

Como nos ha revelado Primo Levi, la violencia debe entenderse desde el punto de vista moderno: el sistema de fábricas. Identidad y diferencia: en vez de producir mercancías, los seres humanos ocupan el lugar de la materia prima.

En cada caso de violencia se produce una cosificación del sujeto, el sujeto se convierte en materia prima, en producto de explotación.

Así la configuración de las gramáticas de la violencia impregna el espacio público y contribuyen a expandir el miedo.

Así el horror deviene categoría de análisis.

“En la larga historia de la destrucción, el horror va a condensar el sentido de la violencia contemporánea. «Guerra», «terrorismo», «enemigo» y otras categorías de la tradición política se muestran inadecuadas respecto a la realidad de la actual carnicería de los inermes. El crimen ontológico excede la forma organizada del simple asesinato. La práctica de la deshumanización excede la estrategia homicida“[1].

Dirigimos la reflexión a la condición de vulnerabilidad absoluta de quien sufre la ofensa, no a la abominación de quien la ejerce.

Abandonando el punto de vista del agresor y adoptando el de la víctima, buscamos así construir una ontología de la vulnerabilidad, condición humana que nos expone a la dependencia del otro: tanto a su cuidado como a su ultraje.


 

[1] Adriana Cavarero, catedrática de Filosofía Política en la Universidad de Verona. Visitante con «Special Chair» en las Universidades de Nueva York, Berkeley, Harvard y Santa Barbara, y en la Universidad de Worwick (Reino Unido).

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LO INHÓSPITO Y LO SUBLIME

Este hilo soterrado que conecta ambas instancias es un sentimiento de carácter ontológico, que aventuramos más allá de lo meramente mental o psicológico.

Ese salto misterioso que nos lleva del horror a la esperanza, de la herida a la sanación, de la agresión a la defensa de los derechos más fundamentales.

Lo inhóspito (das Unheimliche) como un no-lugar en el corazón de lo familiar y el espacio de lo que está a salvo, nos abre a la sensación de la angustia y el miedo (Angst), disposición que retrae la totalidad de las cosas para dejar al descubierto la fiereza inhumana, la ferocidad (Grimm).

De la misma manera, el sentimiento de lo sublime (das Erhaben), revela el acontecimiento que desborda toda conceptualización posible en Lyotard.

Para Lyotard lo sublime indica el límite de nuestras capacidades conceptuales y revela una multiplicidad e inestabilidad del mundo postmoderno.

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EL SALTO

Toda violencia está sustentada en la capacidad de unos sujetos conscientes que buscan alterar la realidad o el curso de los sucesos mediante el uso de métodos, mecanismos o dispositivos para conseguir ciertos resultados previstos, más los que se añaden a la cadena en espiral de las acciones violentas.

Del mismo modo, no podemos olvidar que la figura del defensor subvierte este estado y al aplicar a su vez una defensa sistemática a fin de conseguir resultados que preserven la vida se abstiene de las dinámicas de poder imperantes y crear su propio lenguaje, su propio sistema de circulación.

De la agresión y la condición de víctima a la transformación y la toma de poder de las propias circunstancias, los defensores subvierten el lenguaje, cambian los acentos y crean sus propias corrientes vitales. Hay un momento crucial, inexpugnable, el momento en que la víctima decide dejar de serlo y se transforma en defensor. Esto genera una fuerza que modifica cualquier indiferencia y refuerza la condición humana.

Por ello es que creemos que exponer su identidad es decir su rostro sus historias, es una forma de protección y de redimensión crítica de la ontología del horror transformando no las metáforas en meras pulsiones artísticas sino en críticas.

Porque al entrar en contacto con el defensor su valentía desarma toda indiferencia y transforma la misma en un estado emocional que aportar la tarea de generar en el espectador eso que podríamos llamar Empatía.

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LA EXPOSICIÓN
Un viaje de la memoria: el tránsito de los héroes

El proyecto surge con el objetivo de visibilizar a las personas defensoras de los derechos humanos de México y la labor que llevan a cabo.

Para lo mismo, Conexx, desde Bruselas, me encarga un trabajo de relevamiento fotográfico sobre 40 Defensores y Defensoras seleccionados por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH).

En cualquier tipo de relato la historia comienza con el viaje del héroe. Este es, sin duda, un proyecto que abarca múltiples viajes que no tienen fin. Viajes de horror y dolor que, a fuerza de un profundo deseo de cambio mantienen abierto un espacio que parecería impensable y que es a su vez indispensable para que el hombre se vuelva más hombre y menos fiera.

Una y otra vez me he preguntado cómo hacer un relato sobre el salto… El salto increíble que emprende cada defensor para atravesar el tránsito por el horror y no sucumbir, no ser vencido…

¿Cómo pasamos por el horror? ¿Hasta qué punto nos despoja de nuestra humanidad? Y ¿cómo es que hay seres que en medio del mismo lo transforman en la defensa a pulso de la vida?

Realicé estas imágenes buscando esa respuesta.

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CONCLUSIÓN


Que no se repita,
que nadie más pise las flores
que de primavera vistieron el camino,
que no nos roben el futuro,
que no nos dejen el vacío.
Que no se lleven de un golpe
Ni a uno más de nuestros hijos…

Leandro Murciego

A lo largo de mi experiencia con los defensores me encontré con un proceso vital constante en todos ellos que parte de amenazas, intimidación, persecución, agresión hasta la desaparición o el asesinato.

Tanto en ellos me llamó poderosamente la atención (su dignidad, su manera de no darse por vencidos, su increíble resistencia a situaciones que de sólo oírlas uno cree insoportables) que creció en mí la pregunta: ¿Cómo alguien se transforma en defensor? ¿Qué forja esto que llamamos defensor?

Observé que el proceso parte de una situación revertida de víctima. Es decir, en la amplia mayoría de los casos han pasado de ser víctimas de situaciones atroces a defensores. Esta transformación del horror en herramienta de recuperación y lucha, en fuerza que no sólo redime a uno sino que busca la protección de todos, genera bases sostenible y fundantes de una sociedad mejor.

Así, en medio de ese tránsito por el horror uno descubre asombrado la persistencia y el florecimiento de la virtud y la ética que dan paso a un territorio que se eleva sobre la adversidad. De tanto golpe tras golpe estas ordinarias personas (padres y madres de familia, trabajadores, amas de casa, hombres y mujeres) devienen en extraordinarias.

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